martes, 27 de octubre de 2015

Reissig - Larga senda

Se puede considerar lo que viene ahora como la continuación natural de éste relato que termina aquí.

Ardía la villa. La noche se teñía de rojo y los pobladores poco podían hacer contra su enemigo. Nunca había caído una desgracia como aquella, un ejército completo buscando sustento por medio del pillaje y el saqueo concienzudo de toda la región.
Corría la mujer entre el fuego, acompañada de el único de sus hijos que no había sucumbido a enfermedades, accidentes o anteriores saqueos. Él apenas podía seguir su ritmo y la retrasaba. No recorrieron demasiado sin que algunos de los batidores los vieran y cortaran su alocada carrera.
–Señora, por favor, no hay por qué tener miedo –el soldado se acercó, relajando el brazo de la lanza–. Tan sólo queremos pasar un buen rato y un esclavo nuevo que dure mucho en galeras.
Apenas pudo terminar la frase. La mujer se había adelantado, incrustando los nudillos bajo la mandíbula del lancero con un espectacular gancho. Cogió la lanza antes de que la soltara y se puso en posición de combate, atenta a cualquier movimiento.
–Reissig, ¡Corre! –apretó con músculos de hierro el arma y se adelantó con una lanzada terrible al más cercano, que murió ensartado en el momento.
El niño acertó a correr algunos metros más, antes de que un caballo y su jinete le bloquearan el paso. Incapaz de saber qué hacer, corrió hacia un pequeño montón de ladrillos que habían terminado de cocer aquella misma mañana y se escondió.
Ella continuaba con su baile. Y era terrible. Cualquiera que se acercara recibía un golpe o una estocada que si no eran mortales, bien lo parecían. Intentaba retirarse en dirección a su hijo, pero no dejaban de acosarla, entre gritos y maldiciones. La lanza los mantenía alejados. Al menos tres se lanzaron al tiempo buscando no dar ninguna oportunidad, pero no lo lograron. Ensartó al del centro y usó el asta para bloquear el ataque del de su izquierda, mientras intentaba que el de su derecha no acertara el golpe y lo logró a medias, pues los pasos que había avanzado lo habían hecho calcular mal y le dió con el mango de la espada en el hombro. Gritó terrible y le arrebató el arma con una mano, mientras soltaba la lanza para poder encargarse de aquél. No tardó en matarlo a golpes de espada, pero sintió de pronto el dolor lacerante de una hoja entre sus costillas. El de la izquierda la había apuñalado y ahora preparaba el golpe final. Desvió aquél sablazo descendente y golpeó a su vez en el cuello con un rápido movimiento que rompió malla, carne y hueso.
Reissig quería gritar. Seguía preocupado por ella, pero sabía que nada podría detenerla. Nada. Salió de su escondrijo y antes de poder comenzar a correr en su dirección, apareció un jinete entre el humo, cargando con el sable en alto. Su madre, que ya había cogido de nuevo la lanza, la levantó para enfrentarse a la nueva amenaza y clavó en cuerpo, pero la inercia era tanta que partió lanza e hizo que ella girara sobre sí misma antes de acabar en el suelo. Se apoyó sobre la espada y comenzó a incorporarse, a tiempo de ver a su hijo frente a ella, junto a los ladrillos, gritando aterrado. Resopló para levantarse y seguir plantando batalla, pero no pudo ya. Un segundo soldado a caballo le estampó el enorme martillo de guerra en la cabeza, apagando para siempre su vida. Con los ojos fuera de las órbitas y el cráneo desfigurado, su cadáver sin vida cayó hacia adelante.
–¡Madre! –el niño se arrodilló donde estaba, llorando desesperanzado–. ¡Madre!
Continuaron viniendo mientras se arrastraba hacia ella, incapaz de levantar la vista de puro terror. Pudo agarrarse a su cuerpo inerte y se acurrucó desolado.
Los jinetes festejaron. Los soldados se dieron al pillaje sin oposición. La villa ardió y el ejército se fue en busca de otra que pudiera saciar el enorme hambre que aquella masa humana siempre sentía. Y el nuevo día sorprendió a un niño abrazado al cadáver de su madre.
Abrió los ojos. Sombras lo observaban desde lo que parecía ser un cielo de fuego. Un par de manos inmensas, oscuras y malignas se acercaron para estrangularlo y gritó desde el fondo de su alma, en un lugar que pensaba haber escondido hacía mucho.
–¿Barón? –Klethi había escuchado los murmullos de Reissig en su catre y se había acercado a la tienda. Al escuchar el grito le había faltado tiempo para echar mano a la espada y entrar rauda con una de las lámparas que siempre mantenían encendidas–. Jefe; ¿se encuentra bien?
El antiguo mercenario tenía la cara descompuesta en una horrible expresión. Parecía asustado y tenía los ojos llorosos. Sudaba como si estuvieran de nuevo en el desierto a pleno Sol y no parecía reaccionar a las llamadas. Por fin, parpadeó, se llevó las manos a la cara y devolvió la mirada hacia la sorprendida Klethi.
–Me he movido durante un sueño y me ha dolido la herida. No hace falta armar más escándalo.
–Jefe, ha despertado a medio campamento –los murmullos de alarma se extendían a lo lejos, mezclados con los ruidos de metal–. Y parece que no es lo único.
Las sábanas se estaban tiñendo de rojo. Ella llamó con un grito al galeno y pidió que alguien pasara la voz de que no ocurría nada terrible.
–Bueno, parece que se ha abierto –se movió hacia él, para prepararlo para el médico–. Procure no moverse tanto por la noche, que el día menos pensado me da un disgusto. Y ponga mejor cara, que no quiero verle así.
Todavía tenía el el rostro una expresión de gran tristeza, fruto de las sensaciones de la pesadilla. Un rostro que nadie había visto en décadas.


Reissig como siempre, un tío majete y con una mente equilibrada.

A ver como sale esto para adelante. Tengo para cuatro entradas más de una historia que no debería alargarse más allá de las ocho. A ver si me cojo a la costumbre de nuevo de escribir, que tengo muchas historias que quiero contar y así no voy a llegar nunca.

lunes, 12 de octubre de 2015

Música y trasfondo para Star Wars.

Segundo post del año. Hurra.
 
Eso es lluvia de alegría



Recordaréis que en el anterior contaba ideas de cara a jugar a rol online (videojuego no, rol de veras, pero a través de internet). Las conclusiones, venían a ser, usar el relativo anonimato y las ventajas del medio para proponer una partida que no fuera al estilo tradicional, sino una suerte de "universo persistente de mesa virtual" por así llamarlo.

Ahora, lo que vengo a poner por escrito, interese o no, es la idea de trasfondo y música. Es gracioso que esté escribiendo esto, porque como algunos bien me podrían señalar; Star Wars YA es un universo con trasfondo y YA tiene música (de la música, hablamos más abajo). Y es algo en lo que tendréis razón.
Pero me plantea un problema y es que aunque el estilo de ópera espacial me encanta y por eso he elegido este universo para hacer una partida, es porque solía estar muy ducho en la historia del mismo. Digo solía, porque aparentemente, ya no. No sólo la compra de la franquicia por parte de Disney ha cambiado mucho, sino que hay material que han cambiado ideas e historias que ya estaban constituidas por novelas muchos años atrás. No voy a comenzar una recopilación de datos ni mucho menos. Es demasiado trabajo. Así que me he puesto con herramientas adecuadas a intentar unificar algunas cosas, de cara especialmente a tener muy claro lo que ocurre y cómo ocurre. Además, no se trata de quedarme con una sóla parte de una historia que en ocasiones se contradice (en ocasiones se contradice en medidas de navíos, y en otras directamente una obra contradice a otra), pero tiendo a preferir lo que se puede considerar "original", más que nada por lo que vino primero y es lo que controlo algo mejor. El problema es que a veces el material original, aunque puede entenderse de cara a vender su idea, dentro de un Universo vivo, puede no tener sentido, como por ejemplo, la nula capacidad de un stormtrooper de acertar a alguien que tenga nombre y apellidos (especialmente cuando hay publicaciones que aluden a la condición de élite de los soldados de blanco (pero claro, en otras comentan que es que la clonación luego fue malamente y así tiran)).
Además, haber convertido todo el Universo Expandido en "algo que está fuera de lo que ocurre de verdad" me quita pensamientos oscuros y me espolea a cambiar lo que necesite.
Así que sí, será Star Wars y espero ser capaz de mantener el sabor de frontera y western cuando la historia vaya por zonas del estilo y mantener la multiculturalidad de miles de mundos civilizados que comparten un gobierno y millones de culturas. Que la Aventura siga teniendo estilo de Star Wars, pero manteniendo el espíritu de un juego de rol.

Y sobre la música, no es que tenga un problema con el trabajo de John Williams. De hecho, lo mejor que ha salido de las precuelas además de algunos excelentes personajes e ideas interesantes (me encantan las puñeteras carreras de pods), es la música. Pero son piezas que me valen para situaciones concretas, como ocurre en las pelis. Y aunque cualquier combate espacial está bien ambientado con por ejemplo la pieza de "Una Nueva Esperanza"; "TIE Fighter Attack", no puedo repetir siempre los mismos y no siempre voy a necesitar un tono tan serio. Es un Universo y en ocasiones tendremos momentos en los que poner las tras partes de la música de la batalla de Endor tendrá sentido, por lo épico, otras veces buscaré algo que no está en la banda sonora original. Por ejemplo, música de las décadas de los 60, 70 y 80, otras piezas de instrumental, electrónica... Cualquier cosa que tenga a mano para mantener la faceta de Star Wars que quiero para cada partida, ya sea la aventura, lo bélico, el western descarado e incluso, la parte más política y corrupta del Universo.
Mi mayor problema con esa música es que en ocasiones es perfecta para situaciones, pero si son canciones, pueden llegar a reventar la inmersión en el Universo tan solo por cantar sobre algo demasiado familiar y que sólo podríamos encontrar aquí, en la Tierra.

Vaya, dos entradas en 2015 y sólo son de daros la chapa. Yo exigía la devolución.

viernes, 20 de marzo de 2015

Rol online y un servidor.

¡Ey! ¡Primera entrada de 2015! ¡Yay! ¡En marzo!

(TOCHO DE TEXTO, cruzad estas líneas bajo propia responsabilidad).

Llevo casi un año produciendo, o intentando producir (esto último se ajusta mejor a la realidad de mi trabajo sobre el teclado últimamente, la verdad) una campaña de rol online de Star Wars. Dicho así suena a confesión, pero nada más lejos, es una pequeña muestra de las impresiones que he ido teniendo según iba pensando qué hacer y como hacerlo (como de costumbre, trabajo de cabeza, luego ya llega el momento de plasmarlo).

El rol online es mucho más sencillo de organizar a priori que el clásico de mesa. Sólo necesitas un jugador como mínimo al otro lado de la línea y ni siquiera tiene que vivir cerca de ti. He jugado varias campañas en este rollo (como jugador principalmente) y es muy satisfactorio. Es una forma distinta de afrontar una partida. Personalmente, me gusta más que la partida sea escrita que hablada, para que no haya que lidiar con problemas de audio (un mal micro, no saber usarlo o una mala conexión y adiós a la agradable partida) y de paso porque permite que mientras se escribe, que no es tan lento, los otros jugadores piensen en silencio lo que van a hacer.
La campaña que tengo planeada, será escrita, para que entre acción y acción, me de tiempo a buscar cosas o añadir descripciones rápidas para los jugadores.

Los dados virtuales no siempre funcionan bien. No entraré en el tema de si un sistema informático permite el azar, tan solo apuntaré que en ocasiones a alguno de los programas que he usado de lanzador de dados, se les ha visto el plumero (por ejemplo, tuve uno que si tirabas varias veces consecutivas el mismo dado, en cuanto sacaba el primer número, los siguientes siempre aumentaban su valor en 1 tras cada tirada). Como máster, sé de qué jugadores me puedo fiar para que hagan la tirada en su casa si disponen de dados y de cuales voy a querer ver hasta sus tiradas de atinar en la letrina. Por mi parte, como dejota (director de juego) las tiradas ocultas las lanzo directamente sobre mi mesa con mis propios dados, pero el resto no hay problemas en hacerlo de la misma manera.

El anonimato online siempre puede estar muy bien. Hasta ahora no he experimentado con ello, esta es la primera vez que lo intento y lo mismo me paso de ambicioso. No solo cada jugador no sabrá con quién está jugando, sino que intento evitar que sepa que la persona con la que interactúa es un personaje jugador. Después de muchos años jugando, he comprobado, como tantos otros, que los jugadores tienden a ser más permisivos con los personajes jugadores que con los no jugadores. No es que me moleste, pues si no, no habría partida. He visto sesiones de pejotas (personajes jugadores) que se miraban mal los unos a los otros a cada paso y procuraban acabar con sus compañeros. Yo mismo he sido uno de estos jugadores en alguna ocasión, especialmente la última, pues trataba de rolear bien la naturaleza de mi pejota (al final acabó siendo mucho más suave, porque si no, se habría pirado del grupo a la primera oportunidad).
Lo que intento conseguir con esto, como habréis adivinado, es que los jugadores ni anden a la greña con cada peenejota (personaje no jugador) que se encuentren ni sean tan absurdamente permisivos con los desconocidos. Encontré ya hace tiempo una página que podría ayudar con esto: Roll20. Está muy orientada al sistema d20, pero sirve para mis propósitos (tiene tirada de dados, comunicación escrita y por voz, permite dibujar mapas muy detallados, añadir música y efectos que escucharán los pejotas y dos funcionalidades que me han gustado mucho; puedo hablar como si fuera otra persona y con un sencillo truco que leí en los foros, se pueden ocultar los avatares de los personajes, de forma que no se sepa cuantos ni quienes juegan. El problema de este último truco, es que no forma parte del sistema y hay que activarlo después de cargar la lista de jugadores, así que volvemos a la honestidad de los jugadores para que hagan el favor y no miren avatares.

En un universo de juego, todos los jugadores no tienen por qué compartir tablero. Esto está muy ligado a la anterior cuestión y a la siguiente. He decidido que la campaña oficialmente comience durante la batalla de Hoth. Esto no es que los jugadores vayan a combatir en dicho evento, sino que dicho evento estará en su apogeo cuando el reloj de campaña comience a girar. Cada jugador comenzará su partida según haya decidido su historia de personaje y comenzará en solitario. Se acabó el clásico comienzo de grupo que se encuentra en una cantina y accede a colaborar. ¿Para qué necesitamos comienzos similares, si pueden simplemente jugar, encontrarse en el universo de juego y decidir colaborar de forma genuina (que lo mismo deciden matarse)? No me entendáis mal. Me gusta comenzar con un grupo ya hecho y un primero objetivo, pero en esta campaña he decidido aprovechar todas las "carencias" del juego online y ponerlas a trabajar en otra forma de juego.

Las sesiones, que sean cortas. Una hora o dos de juego con una sola persona (o dos personas) se suelen traducir en mucho avance. Casi no hay distracciones, pues un despiste del chat puede suponer unos minutos de incomunicación molestos para la sesión de juego, para los jugadores y para el dejota y aunque son más difíciles de cortar (ve a decirle a alguien con quién no estás, que deje de mirar porno mientras jugáis), suelen ser más escandalosas y mucho menos placenteras para todos que las distracciones sobre la mesa física (va, hay doritos sobre la mesa y os ponéis a hablar de pelis. A todos nos gustan las pelis así que todos participamos), así que a mitad no se pueden cortar, pero de una partida a otra nos podemos asegurar que no hayan más (por ejemplo, dejando de jugar con ese pejota mientras mantenga su necesidad de ver vídeos a pantalla completa mientras juega).

La cantidad de jugadores no debería de ser muy alta en una misma sesión. Dependiendo del estilo de la sesión, yo diría que unos cuatro son el máximo si se portan correctamente. Dos son un número ideal, pero cuatro es fácilmente controlable. Más allá, que decida cada cual.
En mi caso, no he decidido un tope de jugadores. Principalmente, porque comienzan en solitario, pero no creo que me vaya mucho de esa cifra, pues si la idea es que todos vayan más o menos a la vez (compartan fechas dentro del universo de juego, vaya), habrá que jugar una sesión con cada uno antes de volver al principio de la lista (y eso contando que en todas las sesiones se avance lo mismo, cosa que no va a pasar).

He decidido que sean pocos jugadores, en sesiones cortas, en solitario o en pequeños grupos (que no tienen por qué mantenerse) y cuya aventura comienza a partir de un momento determinado. Pero hay algo más. Su historia. Si habéis jugado a rol, sabréis que generalmente un personaje tiene una historia, una vida sobre sus espaldas. Esa vida debería definir en parte se carácter y forma de actuar, la forma en la que el jugador debe actuar. Salvo gloriosas excepciones, los jugadores tienden a sentirse más ligados a su historia vivida con el personaje que a la anterior, la no jugada y tan solo descrita. No es extraño, pues al fin y al cabo, lo que se ha jugado, de una manera o de otra, depende de las elecciones de cada uno, especialmente en este caso, del jugador. La historia que ejerce vida anterior queda un poco menos intensa, precisamente porque no ha participado más que en su creación.
Yo también me siento muy ligado a las historias que escribo, pero he de reconocer que algunos de los personajes de mis relatos que más me gustan están entre los que he jugado. Ilvael, Reissig, Vilem. Todos ellos, sea sobre el tablero o desde la pantalla del ordenador y el ratón en la mano, han sido más parte de mí mismo que ningún otro (especialmente el último).
Así pues, en parte para poder probar el sistema que estoy modificando ( Sistema del Dodecaedro, por el Narrador de Antagis), he decidido realizar una serie de prólogos. El jugador siempre querrá más venganza sobre el asesino de su familia si en lugar de una corta descripción en el reverso de la hoja, lo que tiene es una sesión de juego en la que conoce los placeres de vivir con sus familiares y todo esto le es arrebatado cruelmente por un terrible pirata que además se regodea en su cara. Digamos que la próxima vez que se vean prometerá ser más épico y dramático todavía.
No puedo, evidentemente hacer un prólogo de toda su vida. Es imposible. Pero siempre hay pequeñas (o grandes) cosas que definen al personaje. Voy a intentar que en lugar de que el jugador decida por completo estas cosas mediante un trasfondo detallado, tenga que jugarlas "vivirlas" y que sea consciente de que sus decisiones tuvieron consecuencias.

No es corto el tocho de texto, pero creo que está bien. No tocaré temas como si seré "Máster Mamá" (como hace siglos) o el clásico Guardián de los Arcanos (quien sepa de qué hablo sabrá a qué me refiero), o si el universo de juego en el que voy a meter la partida será tal o Pascual, porque sería mucho para explicar (básicamente, es mi visión literaria del Universo Expandido de Star Wars).

Creo que jugar a rol de mesa online no tiene por qué intentar necesariamente emular el rol de mesa tradicional. Dispone de unas capacidades y unas herramientas que permiten el despliegue de historias, efectos y personajes que sobre una mesa no se podrían dar, o sería complicado en extremo. Mi opinión personal, es que si queréis realizar alguna partida online, exploréis todas las opciones que os brinda el medio (a no ser que queráis una partida en el sentido clásico de la palabra, claro), pues hay muchas y muy agradables.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Vacaciones; por Dark_Lord

Aquellas vacaciones estaban siendo estupendas. Mi chica y yo siempre habíamos sido grandes apasionados de la Historia y siempre buscábamos paquetes vacacionales algo diferentes a lo habitual. Normalmente, nos solíamos limitar a viajes de fin de semana, ya que el presupuesto nunca daba para más. No eran nada despreciables, solo sin salir de nuestra bella Andalucía había grandes rutas guiadas por la Alhambra de Granada o la mezquita de Córdoba. Pero esta vez celebrábamos 10 años juntos y la ocasión se merecía algo más especial. Tras rastrear por Internet, finalmente encontramos uno llamado La Ruta de las Cruzadas, que sonaba muy interesante. Nos metimos en un crédito con el banco, endeudandonos ambos hasta la ceja, pero había merecido la pena. A causa del calor, casi siempre descansábamos a mediodía en tiendas de campaña y viajábamos casi por la noche. Nuestro guía era un hombre gordito, bajito, con bigote, muy entrado en años. Se le notaba que nuestro idioma aun le resultaba extraño, que había palabras que aun le costaba. Aun así, hablaba como seis idiomas y se le entendía muy bien. Se notaba que no solo dominaba la historia oficial, si no aquella que solo había escuchado por boca de sus antepasados.
-Este lugar, mis amigos, fue tiestigo de las más curiosas batallas. Muchos escriben de como llegaron a ser grandes los reyes de la ápoca. Pero, pocos reyes debieron tanto su poder a ssiubditos leales, aunque ellos no se considerasen así. Uno de ellos, considerado un simple mierceñario, desafió a uno de los grandes jeques de aquella época. Aunque esto parezca solo un desierto, hace algunos shiglos, era donde el iemir de nuestra hiztoria tenía ubicada su fortaleza. Sé que es extrnio pensar que este lugar pudiese tener un palacio paradiciaco, piero los hombres del diesieto conocían bien shus siecretos.
Ciertamente, el lugar no parecía haber tenido nunca nada. Costaba imaginarlo, pero no sería la primera vez que hubiese ocurrido algo similar. Los años podían borrar la huella de cualquier cosa, incluso de una ciudad.
-Aquel iemir no había aprendido que si Alá te pone en tu mano a tu enemigo para matarlo, has de apriovechar para liquidarlo, antes de que la oportunidad y la fortuna cambie de lado. Él pienso que su eniemigo estaba acabado, pero demostró lo pieligroso que es tener servidores leales. Y que el aprecio puede más que el miedo. Un simple mercenario logró borrar de la historia a un iemir tan poderoso como aquel. Y su niombre pasó a significar osado, vlaliente en el idioma de nuestros ancestros.
-¿Y cual era el nombre de aquel valiente guerrero? - preguntó ua veinteañera, completamente ensoñada con aquellos relatos tan épicos que nuestro guía contaba.
-Reissig, el que lucha hasta el final con coraje.




¡Hola a todos! Hoy os presento un relato regalo de Dark_Lord, que está obsequiando con trabajos cortos a todos los que se lo pidan aquí hasta un límite de 31. Aprovechad chavaladuría y llenandle el post a peticiones (dentro de las bases, claro).
Recordad que además, dispone de página web personal:
El Rincón de Dark_Lord; donde podréis encontrar detalles de otros trabajos suyos, tanto como novelista y guionista.

Sobre el relato en sí, debo reconocer que me gustó mucho que pudiera sacar a Reissig de su contexto habitual de matanzas y crueldades y lo acercara a una época más amable. Además, convendréis conmigo que su leyenda salta tiempos y hasta realidades. ¡Un saludo a todos y mil gracias a Dark_Lord!

Catalina 2

El desierto se extiende bajo el aparato, inabarcable en todas direcciones. Aquella trampa de aparente oro se antoja inofensiva, si no fuera porque cualquier fallo en los motores, en la navegación o en alguno de los delicados sistemas del viejo hidroavión Catalina significa la muerte. He decidido atravesar desde Niamey en el suroeste de Nigeria hasta Túnez capital bajo mi propia responsabilidad y no espero un rescate heroico para un europeo imprudente. Tampoco lo exigiré. Éste es mi viaje y mi aventura, debo terminarlo por mis propios medios.
Los filtros de arena pesan y me molestan más de lo que me gusta admitir para un trasto del que dependo tanto, pero no tengo más remedio que admitirlos a bordo, o en los despegues y aterrizajes los motores se me llenarán de arena. Y con lo viejos y gastados que están, ya sólo les faltaba eso.
Pero me da igual todo. Tengo sobre la cabeza el ronroneo contínuo de las cámaras de explosión, 1200 caballos de potencia contenidos en 14 cilindros que no explotan ya por milagro o convencimiento de su propia leyenda. Dos grandes y viejos motores, los de serie, sin añadidos. Sin más añadidos que los cientos de reparaciones que han ido necesitando a través de las decenas de años que han sobrevivido.
El horizonte está lejos o cerca, me da igual, apenas es una línea difusa que se torna todavía más borrosa por el calor y la luz del Sol cae implacable sobre mi vieja e impecable compañera que avanza imperturbable ante los vientos que la azotan. Nada la ha detenido antes y nada nos detendrá ahora.
Uso los compensadores para mantenerla nivelada y que no me necesite y me desplazo hacia las cúpulas de observación, desde donde quiero tomar varias fotos. No es que sea algo nuevo, o una nueva forma de ver el Sahara. Pero es mi viaje, y quiero guardar un recuerdo cuando yo ya no esté aquí. Porque cuando yo ya no esté, ella, Catalina, necesitará de fotos para expresar sus viajes.


Y de nuevo, como hace unas semanas que me han parecido años; me encuentro en la felicidad absoluta.



Hace unos cuantos años, escribí el que sería el primer relato corto que no tenía relación con absolutamente nada de lo que llevaba escribiendo hasta ahora. Ese relato se tituló Catalina.


Lo que hoy os traigo es una suerte de continuación. Espero que os haya gustado.