lunes, 21 de octubre de 2013

Interrumpimos la programación...

...para ofrecerles un jugoso intermedio:

El primer vuelo de Fénix.

El fanfic con el que participé en el Gran Primer Concurso de Fanarts y Fanfics y Artes Adivinatorias de Punto Azul, webcómic de maesesag. Cómo de costumbre, me quedé a las puertas de la gloria, pero me llevé un regalillo bien chulo que aún tengo que montar (soy un puto manazas, mi yo más joven me mira con desprecio) y fotografiar.
Lo subo hoy y de paso le hago publi a un estupendo cómic.

sábado, 19 de octubre de 2013

¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 3 (II)

Continuación de lo de ayer:


Los repulsores hacían su trabajo. Eran del tipo que había usado en asaltos a superficie, equipado de armadura presurizada y blindaje para la entrada atmosférica. Pero aquella armadura se movía muy fácilmente en comparación. Llegó a la altura de la plataforma y al alcanzar la mitad se golpeó contra un muro que no había visto. Al caer sintió pánico por si era al vacío, pero en seguida se tranquilizó al impactar contra el suelo. Tanteó con calma antes de levantarse, no fuera a estar en el borde y se incorporó. Todo aquello era sumamente raro. Recordaba los túneles que servían de ciudad para aquella civilización a la que estaban ayudando a derrocar a su tirano particular. Recordaba los depredadores favoritos de dicho tirano, pero no recordaba haberse puesto la armadura o que todo se quedara tan oscuro.
Algo brilló en el pequeño puente. Alguien se acercaba con prisas, a juzgar por las voces. Se materializaron poco a poco ante sus ojos. Se alarmó al ver allí a Ilvael y a Nomaie, acompañados de bastante gente a la que no conocía.
–¡Vamos! ¡Todos atrás! –el antiguo contrabandista los alentaba a continuar, mientras volvía y disparaba contra la oscuridad–. ¡Nomaie! ¡No dejes que te alcance!
Pero lo que hizo que su corazón diera un vuelco completo no fue la visión de sus amigos. Sino la de aquella mujer de corto cabello negro y mirada avispada, que ahora estaba aterrorizada. Recordaba su figura, su calor y su sabor. La recordaba por completo muerta. Pero allí estaba, al otro lado de un muro que no podía atravesar, con aspecto de haber pasado los últimos años encerrada en una nave a la deriva en el espacio. Era aparentemente incapaz de verle desde ese lado, pues lanzó ojeadas, cómo buscando puertas pero no reparó en la figura blindada que apoyaba la mano contra la suya. A su lado, corría un hombre que alargaba el brazo hacia ella y cargaba con un niño, de seis o siete años, que no podía correr tan rápido cómo los adultos.
–¿Biranai? –el mercenario no podía creérselo. Después de perderla en el vacío espacial, embarazada de su hijo, después de buscarla durante año y medio de contínua búsqueda hiperespacial, allí estaba ella, al otro lado de aquella maldita pared–. ¡Biranai! ¡Cariño!
Golpeó el invisible muro con fuerza. Se sacó con violencia el casco, sin dejar que terminara de despresurizarse con seguridad. Lo usó cómo ariete inútilmente. Al otro lado, su amada se inclinó hacia el niño con dulzura.
–Tranquilo Eric, cariño mío –las frases tranquilizadoras contrastaban con el ambiente en general–. No pasa nada.
El soldado de fortuna quedó paralizado. Sabía que al desaparecer junto con el transporte y todo el pasaje, ella estaba embarazada. De aquello hacía ya… seis, o siete años. Seis o siete años. El niño se parecía a su madre, pero las maneras, los ojos y el cabello castaño eran de su padre. El mismo padre que ahora golpeaba con furia aquella barrera que los separaba.
–¡Biranai! ¡Eric! –el casco cedió al esfuerzo después de varias repeticiones–. ¡Por favor!
El puño derecho ya no dolía y descargaba una y otra vez toda la fuerza de Vilem. La servoarmadura gritaba por el esfuerzo. Buscó algún indicio que le permitiera usar los repulsores para superar la barrera y aquello le dio tiempo para ver al enemigo del que huían. Acababa de matar a Ilvael con un certero golpe y ahora usaba su fusil, rociando a todos aquellos que lo acompañaban. El mercenario gritó có un loco y embistió brutalmente el muro, que se resquebrajó, pero mantuvo su consistencia a pesar de ello. A pesar del frenesí por salvarlos, no pudo evitar ver cómo dejaba a su mujer y a su hijo para el final. Y ver cómo se tomaba su tiempo con ellos.
Seguía golpeando contra la ensangrentada pared. Más de un impacto parecía haber hecho mella, pero no era capaz de pensar demasiado. De la necesidad de protegerlos había pasado a la ira animal y a un deseo de venganza absoluta. Quería torturarlo largamente y matarlo. Quería que sufriera. Quería poder tener un rato con él. Pero estaba aquél maldito muro.
–¡¡Te mataré!! ¿¡Me oyes!? –lloraba de rabia e impotencia, alternando las embestidas con poderosas patadas–. ¡¡Te encontraré!! ¡¡Estás muerto, hijo de la gran puta!!
Al otro lado, la figura se incorporó sobre los cadáveres destrozados. Su servoarmadura era negra y verde mate. Miró directamente al mercenario a la cara y casi pareció que se le podía ver sonreír al otro lado del casco.
–Vaya, vaya –la voz, sonaba fría y cruel, pero extrañamente familiar–. Me alegra que lo hayas visto.
No tenía palabras. Sólo gritó de nuevo y volvió a arremeter con furia. Le dolían todos los huesos del cuerpo y le daba igual, quería alcanzarlo y matarlo.
–No te molestes, Vilem, no podrás –se encogió de hombros, al ver que su sugerencia caía en saco roto–. Verás, no compartimos tiempo ni espacio. Todavía.
Esta frase consiguió penetrar la coraza de furia y llegar hasta el centro de razón y lógica que se hallaba atrapado debajo. La ofensiva se contuvo.
–Verás, Vilem –pausaba las frases y eso lo irritaba, pero comenzaba a ver un patrón en todo aquello, un patrón que ya había visto antes. Necesitaba escuchar–, todavía no existo. O sea, en un momento dado existí y dentro de un tiempo, existiré. Pero todavía no. Aún así, quería enviarte un mensaje. Es importante que lo escuches.
El silencio por respuesta. El asesino continuó, ajeno a la mirada de su audiencia.
–Lo que acabas de ver, no ha ocurrido. Todavía, cómo habrás imaginado –se relamió al ver que apretaba los puños y la mandíbula hasta palidecer–. Esto no es una pesadilla, es una premonición y te hago la advertencia porque no quiero que dejes de pensar ni un día en lo que acabas de ver. Los mataré, a todos ellos. Y cómo ahora, asistirás imponente a su asesinato.
–No lo creo –zanjó el mercenario, haciendo un gesto despectivo con la cabeza–. Te has metido en mi cabeza. Te encontraré y te haré pagar por lo que me has hecho ver.
–Cómo ya te he dicho, no existo. Y para cuando lo haga, será muy tarde para tí, me temo –el tono era burlesco–. A no ser, claro, que puedas de verdad matarme.
Se sacó el casco con delicadeza, siseando los sistemas de despresurizado. El mercenario dejó escapar un murmullo horrorizado. La cara que le devolvía la mirada, era la suya.



¡Chan! ¡Revelación! No os podéis ni imaginar lo muchísimo que estuve considerando los pros y los contras de lo que acabáis de leer. Es un recurso manido, pero consideré el malvado que tenía entre manos y... bueno, le cuadra perfectamente hacer estas cosas. Es un spoiler cómo una catedral y me falta el tiempo para llegar hasta esa parte, que será una de las más jodidas para el personaje y su entorno. Andarán también los protagonistas del Emancipador en el embrollo, arrastrados por Ilvael.

¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 3 (I)

Star Wars Galaxies. Parte del Fanfic original que podréis leer entero y sin cortes cuando termine de revisar las 30 primeras páginas y termine las últimas 50 (de la primera parte):



Corría de nuevo. La sensación de persecución no era nueva, pero aquél oscuro escenario sí. Apenas veía unas ligeras formas, iluminadas por una luz tenue y grisácea que no llegaba a alumbrar del todo. Esquivó lo que consideró eran rocas y mantuvo la velocidad, respirando rítmicamente. Sabía que los varghals corrían tras él, al acecho de su carne, pero no había sido capaz de ver a ninguno en la oscuridad. Los oía gruñir, sentía el calor de su fétido aliento de depredador en la nuca, a pesar de la armadura de combate, que se le hacía más pesada y complicada de mover, aunque no le costaba en exceso. De los desagradables depredadores, recordaba las dos ocasiones que los había visto. Una fue durante una terrible exhibición en una arena de gladiadores, más allá del círculo exterior, mientras se adiestraba cómo soldado de fortuna. Quiso no volverlos a ver jamás en su vida, pero varios años más tarde, durante la represión de un levantamiento en el espacio hapano, los revolucionarios habían liberado a las bestias del zoo, entre las que se encontraban un buen número vargas, que estaban siendo criados para mandarlos a otros recintos. Todavía podía sentir el miedo nocturno en la trinchera, pues a pesar de los sensores y vigías, todas las noches desaparecía alguien, o directamente lo arrastraban fuera de nuestro alcance y comenzaban a devorarlo mientras manoteaba impotente. Aquellos depredadores de gran inteligencia eran silenciosos, tenaces y muy crueles con sus presas, especialmente las especies inteligentes. El miedo era un arma para ellos tan natural cómo sus dientes y afiladas garras.
Tropezó con algo que no pudo ver y no pudo evitar caer, con todo el vello en punta. Le era imposible controlarse, a pesar de la instrucción de años para evitar caer en el temor, o en el odio. Aquellos animales conseguían lo que pocas situaciones o personas habían podido; provocarle un terror más allá de la lógica común.
Se levantó, tratando de dominarse y echando un vistazo a su alrededor. Nada. La oscuridad. Ni siquiera escuchaba el característico chasquear que producían aquellas bestias al cazar abiertamente sin sigilos. Al continuar con su carrera tuvo que frenar en seco, pues ante él se abría otro abismo. Uno sin fondo, del que no veía otra cosa que la negrura.
–Esto ya es pasarse –se lamentó.
Tragó saliva. ¿Varghals o abismo insondable? No retuvo la pregunta demasiado tiempo, pues cómo por arte de magia, a cierta distancia de él, en mitad de lo que aparentemente era caída libre, unas luces sin fuente reconocible tomaban fuerza e iluminaban una pequeña plataforma unida por un puente a algo que no podía ver. Buscó posibles agarres, algún sitio donde pudiera enganchar el garfio y usar la cuerda de escalada para balancearse, pero no pudo detectar nada. Era su armadura, desconocida, pero que parecía saber usar en su totalidad, la que le daba la solución.
–Muy bien, sólo está un par de cientos de metros por debajo –trataba de tranquilizarse pensando en voz alta–. Pero no recordaba tener repulsores en la armadura.
Tras dos pasos atrás, suspiró fuerte. De pronto, la amenaza que hasta entonces no se había dejado sentir más allá que por pequeñas suposiciones, chasqueó las mandíbulas. Pequeños ojillos rojos lo miraban directamente. Un depredador intangible mordió su brazo derecho y parecía que se lo hubiera arrancado, pero continuaba allí y del varghal, ni rastro. De pronto le costaba muchísimo respirar y estaba mareado. Supuso que era el dolor, así que aprovechando que su juicio se nublaba por momentos, corrió hacia el borde del abismo y dio un gran salto.




Siguiendo un poco la idea de las dos anteriores entregas con este nombre, retorno al fanfic de star wars galaxies del que salen Ilvael, Nomaie y el Emancipador. De nuevo, recordad que mi apodo es el que uso en los juegos y este personaje no era una excepción.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Jugonas Sendas: "Infestation: Survivor Stories"

Con ánimo de quitarme de encima los malos humores y la perrería fina que me atenaza desde hace más de un mes (alucinaríais de ver lo intratable que ando), voy a desquitarme vía blog de algunas cosas que he visto en juegos que me gustan, o que no me han gustado en absoluto.
Para abrir esta "sección", traigo un juego de zombis MMO que ha traído bastante cola:
El Infestation trae una premisa muy interesante; un sandbox (mundo abierto) con zombis clásicos y algunos no tan clásicos, con ciclo de día y noche, JcJ (jugador contra jugador) abierto. Llama la atención que el juego se venda y traiga premium, pero decido que esto para mí no sea un problema, considerando lo que me ha costado (3 euros recoletados a base de cromitos) y considerando que hay juegos de 50 lereles con un premium peor.
El primer zas con el que me encuentro es la generación de pejotas. No es falta de libertad, es una tenaza en los cojones de la imaginación. Sólo hombres (ahora con las nuevas actualizaciones también mujeres (vestidas de vaqueros y top corto)) con 4 tipos de cabeza, 4 camisetas y 4 pantalones. Lo que sí veo son un montón de "esquemas" de personaje bloqueados, a pagar con dinero de juego o real. Una gran cantidad de dinero de juego, casi cien mil. Esto se agrava luego.


ev50jiw.jpg
Empezamos bien con las tonterías premium.

 
Decido crearme un personaje y lo meto en un servidor oficial cualquiera. Casi 100 personas jugando y ya me voy coscando del rollo que hay. En la lista, veo a "civiles" (gente normal), "bandidos" (gente que mata a otros jugadores) y "agentes" (gente que mata a los bandidos y se supone que equilibra el JcJ). Decido ignorar los insultos que se van mandando los unos a los otros vía chat y me pongo a explorar. Es un mapa extenso, con unos gráficos y unos efectos muy majos y mi pc, lo nota. Con 3 núcleos rodando a 2'4 cada uno y 4 gigas de ram, da igual la gráfica, le va a costar. Tengo caídas de hasta 20 fps, pero es bastante jugable igualmente.

wLV1V2h.jpg
Aquí un calvo y yo, admirando la oscuridad, las luces y las sombras.

Después de un rato caminando y guiándome por un mapa bastante intuitivo (o sea, es un mapa con direcciones y una flecha, ya está, más sencillo imposible) acabo en un pueblecito. Antes de poder hundirle a mi primer zombi la linterna en la cabeza (al aparecer por primera vez recibes una linterna que sirve como arma, una bebida, muesli y una mochila que no podrás quitarte), me meten dos tiros y me matan. Apenas he llegado a ver a quién me atacaba y apenas he podido ver un zombi y su terrible animación (lo peor del juego; las animaciones, malas y simples a matar).
Como hay un tiempo de espera de una hora (¡una hora! ¡hijosdeputa! (cinco minutos pagando)), decido pegarle un tiro al personaje y hacerme otro, pues ni ha aumentado experiencia, ni he conseguido objetos ni nada de nada. Sólo he andado (y es un preludio de lo que más rato vas a estar haciendo en este juego; andar y ocultarte de jugadores bien pertrechados).
Muero otras tres veces más y decido que jugar solo no es para mí. Coincidimos dos colegas y yo, nos juntamos después de 10 minutos pateando colinas y morimos a la entrada de una ciudad, esta vez, por fin, por una horda zombi en condiciones. Esto empieza a molar.



oUvfDyn.jpg
No, esta horda no. La que nos mató era 3 veces mayor.
 
Esta vez, cómo hemos matado a una buena cantidad de zombis y desbloqueado algunas habilidades, además de que uno de nosotros había sobrevivido haciendo acopio de nuestros trastos imprescindibles, decidimos crear otro par de pejotas, pero mantener los muertos (en una hora, más con ellos). Jugamos sin demasiado problema hasta que PunkBuster decide que no está funcionando y que debería tirarme del servidor oficial por si las moscas. Llevo dos meses con ese problema. Sigue sin solucionarse, pero es algo que me da igual. Y me da igual porque ya no juego en servidores oficiales, sino en privados, donde ponga PVE (Jugador contra entorno, en sus siglas en inglés), por la sencilla razón de que el sistema de "equilibrio" no funciona. Los bandidos van cazando jugadores sin armas con nula oposición (ya me diréis qué hago con mi martillo o mi bate contra un tio armado con un fusil de asalto), pues los "agentes" no pueden estar en todas partes y en muchas ocasiones o se ven desbordados o no hacen nada por falta de equipamiento. Tampoco cobran por ello, son símplemente jugadores que deciden cepillarse a los bandidos cómo otra opción de JcJ. Así que busco servidores de buenas gentes colaborativas, que encuentren más atractiva la supervivencia zombi que apostarse en una de las zonas seguras e ir cargandose a los pobres desgraciados que van en busca de whiskas para comer. Lo más lamentable de esto, es que si bien PunbkBuster ya no me molesta y encuentro mejor una población de 20 que de 100 (por aquello de una sensación más fuerte de estar aislado), es que lo de JcE (Jugador contra entorno, recordemos) es sólo de advertencia. No hay una pestaña que impida el daño entre jugadores, sino que se presupone la buena voluntad de los mismos, lo cual, es un error. Porque en estos servidores, entran muy a menudo jugadores que se dedican a matar a los que hay, sin apenas oposición, pues el administrador del servidor no suele estar mirando y no parece haber un sistema para banearlos directamente (el mismo juego no lo contempla). Así que al final, en dichos servidores sigo con el mismo problema pero reducido. Alguna vez te los encuentras, y hasta mueres, pero suelen tener poca población y con evitar las zonas típicas (son gente de costumbres fijas) se aburren y se van.


nnTaVi9.jpg
¡Alejaos u os tiro una lata!
 
En definitiva, no es un mal juego. Su rendimiento no es malo considerando lo enorme del entorno y su calidad (aunque hay texturas que son para darles con la zapatilla), pero trae graves problemas, cómo el descontrol del "bandolerismo" que lo hace hasta injugable si no pagas más para conseguir armas y munición, las malfunciones contínuas de PunkBuster y la falta de interés por proporcionar soporte por parte de los desarrolladores (el APB Reloaded tenía el mismo problema y se arreglaba fácilmente) y una de las más gordas, considerando que hay tanta diferencia entre premium y normal (que es gracioso considerando que sí pagas el juego desde un inicio); la ausencia de un comprador genérico, para vender todas esas cosas que no se usan y de las que no vendría mal deshacerse para conseguir dinero de juego (MUY escaso). En serio, la única forma de conseguir dólares en el juego es matando zombis (cuando todos sabéis que lo bonito está en esquivarlos cuando tienes pocas armas). Otra forma, ya fuera del juego, es vender lo que recolectes vía foros, montando un mercadillo, cosa que ni sé ni me apetece intentar. He visto los mercados de otros y es alucinante lo bien surtidos que están. 


Lo mejor: Buenos gráficos, un rendimiento decente y la posibilidad de ir a donde quieras.  

Lo peor: Los cazadores de jugadores, los problemas con PunkBuster, la enorme diferencia entre premium y normal en un juego que no es free to play, la falta de una tienda en el juego y un audio un poco pobre. Además está la sensación de que le falta desarrollo y animaciones decentes.  

El Senderista recomienda: Si lo tienes ya, mira de jugar con amigos en un servidor privado poco poblado. Si te van las emociones fuertes y puedes pagarte equipamiento, siempre puedes ir a matar jugadores, pero con tiento y cabeza. 

Si no lo tienes, no lo compres hasta que no merezca la pena. Si nunca merece la pena, es un dinero que te has ahorrado.

martes, 13 de agosto de 2013

Partida de Guerra 2.

Mi mensaje, después de la lectura:

La noche era clara. No había nube que manchara el espectáculo del cielo estrellado, en el que la Luna destacaba sobre todas ellas, eclipsando a las más débiles. Abajo, en las afueras del pequeño poblado el señor de aquellas tierras peleaba con un pelele giratorio, que en su brazo izquierdo tenía un escudo y en el derecho un gran garrote. Reissig por su parte, practicaba el arte de la lanza a pie. Nunca le había gustado, pues prefería el hacha, la espada o últimamente aquél gran instrumento que era el lucero del alba, pero estaba decidido a ser capaz de defenderse con la mayor cantidad de armas posible. Pero aquél pelele lo estaba machacando. Sus lanzadas no eran malas en absoluto, pero no era lo suficientemente rápido para usar el asta y parar el golpe del garrote. Y con escudo era incluso más torpe. Pinchó el centro del cuerpo del pelele para sentirse un poco mejor.
–Señor, eso es hacer trampa.
Se sobresaltó. No había escuchado a nadie acercarse y aunque la voz era conocida, lo había cogido por sorpresa.
–Maldita sea Klethi –dijo, recuperando el control de sus latidos–, vas a acabar por matarme si sigues haciendo eso.
–¿Yo? Señor, no sea tan malo –dijo ella, sonriendo pícara mientras dejaba una pesada bolsa de jabalinas a un lado–. Yo nunca podría hacerle daño.
Eso era mentira. La había visto arrojar una de aquellas jabalinas a una distancia enorme, sin perder en precisión. Si había alguien en su compañía que pudiera matarlo con todas las garantías, era ella. No es que no pudiera, es que no quería hacerle daño. La pelirroja se había unido un año y medio antes, en la capital swadiana de Suno. Ella necesitaba salir urgentemente de la ciudad y él pasaba por esa misma taberna, en busca de nuevos espadones para reclutar. No se había reído, símplemente la había contratado junto a cinco tipos más de aspecto feroz y había salido de nuevo, con la promesa de verlos más allá de la puerta del Este, en el camino que lleva a Uxkhal. Después vendrían los meses de entrenamiento, las penurias, las victorias y la gloria. Pero sobre todo, lo que más le gustaba a aquella jovencita y fibrosa pelirroja de cabello cortado torpemente a tijerazos era el dinero que ganaba. Compensaba de sobra el vivir bajo las estrellas.
–¿Qué haces aquí? –preguntó el caudillo, apoyando la lanza en su hombro y relajando la pose–. Sabes que os quiero frescos por la mañana. Somnolienta no vales de mucho.
–Mi señor, eso mismo podría decirle a voacé...
–Déjate ese tratamiento para cuando haya alguien de alcurnia delante –la interrumpió, irritado. La parla cortesana no estaba mal para los bailes y los juramentos de torneo, pero en campaña, no lo aprobaba, más allá del simple trato respetuoso–.
–Era una broma, patrón, no hace falta que se ponga serio.
–Ya, muy bien. ¿Qué quieres?
–Practicar, sire, como vos.
–La práctica durante el día, la noche es para dormir.
–Sí, pero es más divertido practicar con alguien, ¿verdad?
No respondió, simplemente giró y volvió a enfrentar al pelele. Pero sabía que la tenía detrás y que aquél suave siseo, de metal y luego madera contra lona, era el de una jabalina. Sintió una punzada en el omóplato derecho, allí donde hacía unos meses, ella, tratando de defenderlo de un borracho, había arrojado una de esas dagas que lleva consigo. Tan fuerte la lanzó que atravesó la excelente coraza y aunque tocó hueso, no hizo más mal que el dolor. Tuvo un mal presentimiento
–Con cuida...
La jabalina avanzó recta, le pasó a medio metro de la cabeza y atravesó con violencia el escudo. El pelele giró un poco, pero gran parte de la fuerza se había perdido al no incrustarse en el brazo y continuar el camino. Recordó a un jefe de mamelucos especialmente osado y blindado, al que el caudillo había designado cómo objetivo prioritario para los ballesteros. Nadie logró hacerle mella, hasta que Klethi, corriendo para ganar impulso, usó una de las jabalinas contra él y lo clavó al caballo. Todos suspiraron de dolor al ver la tremenda herida más tarde.
–Estos muñecotes son una mierda –comentó, divertida–. El metal y la carne son mejores para practicar.
No respondió. Sólo miraba hacia el pelele, aunque realmente, intentaba ver algo más allá.
–Sire, ni siquiera le he rozado...
–Cállate, maldita seas.
Klethi no se atrevió a moverse ni a hablar de nuevo. Aquél mismo tono, áspero y desagradable había presagiado muchos degüellos y ejecuciones ejemplares.
Algo, a lo lejos, sonó. Era un tintineo. Los ojos del mercenario escudriñaban las sombras cercanas a las casas de enfrente, tratando de buscar la fuente del sonido.
–Klethi, escucha atentamente y sigue mis órdenes sin dudar –dijo de nuevo con aquella voz, que parecía venida del mismo Infierno–. Coge tu caballo, cabalga hasta la compañía y dile a Matheld que está al mando y que se dirija a poniente. Hay un ejército al otro lado de las dunas y allí en las sombras, hay batidores.
Cómo obedeciendo una señal, cinco soldados, vestidos con turbantes y armaduras de cuero, se movieron hacia ellos en silencio y con rapidez. Brillaron sables al desenvainarlos.
–¡Pero patrón!
–¡Vete maldita, da el aviso! –gritó, ya sin pretender enmascarar sus intenciones–. ¡No os enfrentéis a ellos! ¡Yo los detengo, pero corre de una maldita vez!
Tiró una fuerte lanzada contra el primero, que lo atravesó sin gracia, pero con efectividad. Cayó sin vida y Reissig no pudo sujetar el asta del arma, para recuperarla. Se maldijo por no tener a mano su lucero del alba y pensó rápido. Tras él, debía de estar el saco de venablos que la joven había dejado. Sin dejar de ofrecer cara al enemigo, retrocedió con rapidez y allí encontró el saco. Lo agarró con las dos manos y golpeó con él al primer batidor, que al ver que se retiraba desarmado, creyó vencer. El caudillo recogió cómo un rayo el sable del caído y le lanzó un tajo a ciegas, antes de que llegaran los otros para socorrer a su camarada que ya blasfemaba de todos los dioses. Otro le llegó con el arma en alto, buscando la cabeza. Paró el golpe, bajó la muñeca y le propinó un cabezazo en la nariz, para después ensartarlo en tierra. Le lanzó el sable al tercero, que hurtó un momento el cuerpo, tiempo suficiente para que el mercenario recogiera el otro sable del suelo y mantuviera una guardia alta. Los batidores dudaron. No esperaban tanta oposición por parte de un aldeano. Reissig vio que vacilaban y se lanzó al ataque, aprovechando el respiro que le habían ofrecido. Cortó a uno el vientre y sus tripas se desparramaron con un repentino y desagradable olor. De los dos que quedaban, uno le paró el feroz sablazo, mientras el otro lo apuñalaba en la oscuridad, sin demasiado tino, pues no consiguió más que hacerle una herida superficial. Pelearon poco tiempo más, casi abrazados entre insultos, blasfemias y golpes. Al final, el caudillo salió victorioso, al precio de varios cardenales, un corte en el costado y un tajo bastante profundo en la cadera, que le dolía mucho. Se acercó al primero y desclavó la lanza con un gruñido. A lo lejos, en la duna, habían siluetas que centelleaban plata sobre la arena; los temibles mamelucos sarraníes descendían en Hawaha cómo una marea de metal y caballos. El mercenario, empuñó con fuerza la lanza, lanzó un rugido de desafío y se sostuvo a pie firme cuando cargaron sobre él.
A dos estadios al otro lado de la aldea, la compañía se apresuraba. Matheld sabía que sus órdenes se cumplirían sin oposición y por ello había mantenido su fría mirada nórdica en la aldea, de la que comenzaba a salir algún fuego. Un punto de preocupación atravesaba su pálida frente, que relucía casi tanto cómo su cabello, de un rubio tan claro que bajo la luz de Luna resaltaba entre tanta cabeza morena. Era la primera a la que había reclutado el mercenario en cuanto pudo permitírselo y era desde luego la más fiel de toda la compañía. Y por eso, se le hacía muy duro marchar y seguir sus órdenes. Pero la lealtad que le profesaba la obligaba a ello. Montó el el alazán que usaba para el viaje y dio la orden de partir.


Os traigo la continuación del post de hace ya unas semanas. Aunque esta vez, ya lo habéis visto, hay algo más de acción.

Dispensad si no os he respondido a algunos o si directamente parezco desaparecido. El verano no suele ser buena época pero este año ha comenzado la sequía antes y además, está siendo peor que otros. Es la primera vez que llego a la mitad del año y apenas he avanzado en nada.