miércoles, 4 de julio de 2012

Resultado concurso.

Tal y cómo dijeal final de éste post, he sorteado un fanfic de al menos diez páginas en dinA5 en Times new Roman tamaño 10 entre todos los seguidores que tengo (los que me siguen por Blogspot también han sido contados, tranquilos), así que después de escribir cuidadosamente en papelitos (soy un tío legal), meterlos en un trasto de cristal, agitarlos y sacar un papel, ya tengo un nombre (después, he descubierto una página que hace lo mismo y más rápido, pero me va el rollo artesanal). La ganadora, pues es ganadora, se trata de ReinaCnl, que publica Anne Marie / Jezzabel Avery en Subcultura, por si no lo sabíais. Así pues, me pongo en breve en contacto con ella para avisarle del resultado (por si no lo ve antes por aquí) y me pongo con el fanfic.

martes, 3 de julio de 2012

Sueño Africano

Bueno, tenía ganas de escribir una entrada, pero cómo no sabía de qué exactamente, he decidido hacer público el nombre del webcómic que estoy produciendo en el que blacksanz se encarga del dibujo. Es una chorrada, lo sé, pero como digo, me apetecía escribiros algo y para variar, que no fuera en medio de un acceso de cólera de los que me dan últimamente.

Se llamará "Sueño Africano", nombre que me ha venido a raíz de Arturo Pérez-Reverte, que en el último artículo suyo que he leído, se caga en la gente que se ofende con imágenes desagradables sobre las guerras que cubren medio mundo (están ahí, aunque no queramos). Habla sobre el sueño suicida en el que vivimos, en el que queremos ver gente sonriente, sálvame y el fútbol. Al margen de sus declaraciones, me doy cuenta de que lo que reivindica (la imagen de la guerra no se ha de censurar, o anular), es lo que yo pretendo con éste cómic. No se trata de realismo en cuánto a las armas, o el comportamiento de los vehículos. Me esfuerzo en dicho aspecto, claro, pero si hay algo que quiero contar, aparte de la historia que llevo pensada, es la crueldad de la guerra y en especial de las guerras africanas.

Las atrocidades que mostraremos, serán exactamente las que ocurren (aunque realmente, no va a haber tanto, mostramos sólo un pedazo de la guerra). No es gore, no siempre una imagen gore es la que hiere la sensibilidad y precisamente, es lo que pretendo. Herir sensibilidades. Dar una muestra de cómo se pelea en otros sitios (y eso que en España, de pelear, tenemos unos cuántos siglos de experiencia) y de lo cruda que es la realidad en cuánto plantas un pie en un lugar dónde dos pueblos que se odian a muerte comparten país, gobierno y elecciones. Dónde tomarse mal el perder contra el partido contrario no es poner mala cara o insultar, sino montar una guerra e intentar exterminar al pueblo rival, hasta últimas consecuencias.
Podría haber sido alguna guerra en los balcanes. Pero en África parece que siempre hay alguna montada. Así que siempre tienen la pesadilla de la guerra. Así que ya tengo pretexto para llamarlo "Sueño Africano", título sarcástico, pero que creo le va a venir al pelo. Me ha costado un mogollón, sinceramente, sacar un tíitulo decente para el webcómic, pero por fin está.

Ahora el resto de personajes, el resto del guión, la explicación de entorno, el estudio de armamento y vehículos de guerra, las poses y posiciones de combate. Y muchas, muchas dosis de violencia cruda. Y todo para unas (espero) entre cuarenta y sesenta páginas de webcómic bélico, de drama de acción y humor negro. De cínicos combatientes, ingenuos periodistas y una guerra en la han caído.

jueves, 28 de junio de 2012

Hora de morir.

Ésto me vale de relleno de momento, pero me ha gustado y lo voy a usar para uno de los personajes del fanfic de Star Wars que escribo, en el que rehago parte de la historia galáctica, para hacer que cuadre y tenga gracia. Estoy casi seguro de quién es, pero siempre puede cambiar, es la maravilla.


No creía que pudiera hacerse, pero allí estaba. Había frenado a las tropas imperiales hasta el límite, hostigándolas desde la espesura. Pero ya habían penetrado y ahora avanzaban raudas al hangar principal. Debía darles un minuto. Sólo un minuto y supondría una victoria más, aunque al precio máximo para él. No le importaba. Un sólo minuto, para que los chiquillos escaparan. Esperaba que pudieran arrancar la nave ellos sólos, pero les había enseñado bien. Tenían buenos maestros.
El rumor de botas se acercaba en la semioscuridad palpitante del pasillo. Por aquí y allá, las luces estropeadas destellaban levemente. Su fusil había acabado tan vacío cómo su estómago, así que lo abandonó. La puerta cerrada tras él estaba asegurada, así que proporcionaría otro minuto, o minuto y medio más. De sobra.
Pero él, no los acompañaría, sino que se aseguraría de que se fueran. Lo haría con su vida. Estaba preparado para irse al otro lado.
Mentalmente, les recordó que confiaran en la Fuerza, pero que no descuidaran su propia formación. A su discípulo, el primero y de momento, mejor de ellos, le mandó una despedida. Lo cogió desprevenido y prefirió cerrarse a toda comunicación posterior. Necesitaba concentrarse.
Las botas torcieron el pasillo, varios metros por delante de él. También las tropas de asalto, que dieron un respingo al verlo. Siempre había sido corpulento, pero con el escudo de cuerpo entero, fabricado en duracero era impresionante. Y cuándo el sable siseó e inundó el pasillo con el destello verde característico, los soldados no pudieron hacer otra cosa que tragar saliva.
-¡¡Es hora de morir, hideputas!! -gritó, mientras se lanzaba hacia ellos, escudo por delante-. ¡¡Y no me voy a ir sólo!!

Impactaron en el escudo los disparos. No los notó. Lanzó un tajo hacia adelante, de arriba a anajo, sin demasiada elegancia. Partió al soldado desde el hombro hasta el muslo, dejando pasmados al resto, mientras se revolvía e interponía de nuevo su protección. Los soldados se repusieron de la situación inmediatamente, al escuchar la voz del comandante. Nadie debía salir con vida de aquellas instalaciones. Los niños, aún menos. Dispararon al unísono, con la esperanza de que el escudo cediera en algún momento.

El antiguo jedi, suponiendo la treta, asomó el sable para avanzar devolviendo disparos. Algo le escoció en la muñeca, pero no le importó. El escudo comenzaba a resquebrajarse, demasiado daño en tan poco tiempo, el material no podía disipar tanta energía. Se agachó, simulando estar herido. Apenas se dió cuenta de que estaba cerca del primer caído, tuvo una idea. Una diabólica idea.

El soldado más cercano se acercó, para rematarlo. Una ráfaga lo derribó de espaldas, ante la nueva sorpresa. El maestro había cogido la carabina de repetición imperial y la usaba cómo barrera de disparos, avanzando de nuevo. Se metió cómo un huracán, disparando y dando tajos con una fuerza endiablada. Pasaba ya casi el minuto. Pero lucharía todo lo posible. Agotó la energía contra el torso de un soldado, que aún aguantaba. Lo partió en dos de un violento revés, mientras mantenía a algunos apartados. Alguien le agarró de la muñeca derecha. Antes de que inclinara el sable en su dirección, incapaz de dar un golpe serio con él, sintió el agudo dolor de un vibrocuchillo en su costado.

El soldado lo había alcanzado. De un codazo, lo tiró hacia atrás y dejó caer el sable sobre el que le aprisionaba el brazo, partiéndolo cómo si fuera mantequilla. Se sacó el cuchillo y lo miró un momento, justo antes de incrustarlo en el visor del que se lo había clavado. Éste gritó horriblemente, pero no se movió más.

Había recuperado su brazo y movía el sable con ritmo, sin dejarles aparecer apenas por la esquina. Ya tenía media docena de disparos en el torso y a saber cuántas en el resto del cuerpo. No aguantaría mucho más, pero estaba bastante seguro de haber contado ya hasta ciento cincuenta. Al perder atención, lo derribaron, cómo si fuera un partido de rugby. Cayó de espaldas, perdió el sable y comenzó a revolverse. Aquello se acababa. Era el fin, después de todo. Y no se arrepentía de nada en absoluto.

-¡Lo tenemos! -chilló el soldado que lo había derribado sobre los cadáveres de los anteriores-. ¡Lo hemos...!
Sonreía. El jedi sonreía, descarado, dejando ver una cosa esférica, del tamaño de un pequeño fruto. Brillaba y daba un tono muy característico.
-¡¡Detonador!! -volvió a gritar, pero ésta vez descompuesto por el terror-. ¡Tiene un det...!

La explosión vaporizó a todos los que se encontraban en el búnker. Gran parte del búnker estalló con violencia, abriendo la tierra boscosa de Nacare, el planeta del tercer anillo del sistema Quaal. Ningún soldado de asalto que fuera a matar a los enemigos volvió con vida. Y en su último pensamiento en ésta realidad, antes de unirse a la Fuerza, el maestro se sintió complacido, pues sus
niños estaban a punto de saltar al hiperespacio, para ir a lugar seguro.

martes, 26 de junio de 2012

Reláto bélico a petición de Hcl. Es muy probable que encontréis incongruencias, ya que me las he encontrado a capazos. No se sabe exactamente quién le dió muerte, aunque se viene aceptando útlimamente como más probable que el ametrallador antiaéreo australiano William John "Snowy" Evans, que estaba apostado en la zona con otros tres compañeros y que dieron parte del derribo efectúado por Roy Brown, el aviador que picó sobre él y lo ametralló.
He leído muchas tonterías sobre que con él se fue la última forma de hacer la guerra de forma "honorable". Está claro que hay mucha gente que no tiene ni puta idea de lo que es una guerra, actual o pasada y que sólo se basa en lienzos que idealizanel belicismo. En fin, sin demasiada murga extra, allá va el relato.



La batalla había ido bastante bien. Ahora perseguía a un advenedizo que se había envalentonado con un derribo y había pretendido hacer lo propio con el Barón. Éste rápidamente le dió la vuelta a la situación, decidido a acosar al Camel enemigo, descuidando sin embargo su trasera, a pesar de que era firme contrario de esa táctica.

Ray Brown vió cómo el triplano rojo se acercaba por detrás a su punto, el teniente May, que volaba bajo, intentando evitar las certeras ráfagas de su peligroso descubridor. Sin dudarlo un instante, el canadiense picó, rezando para llegar a tiempo.
Richtofen estaba decidido a terminar con aquello, así que apuntó con cuidado y justo cuándo oprimía el disparador y salían las primeras balas, su aparato fue alcanzado por una ráfaga que venía desde atrás. El As maldijo y buscó a su enemigo, tratando de zafarse.
Ray lo siguió a toda velocidad, tratando de decelerar para no encontrarse frente a él. Había otros triplanos rojos, pero tenía un mal presentimiento acerca de todo aquello.
"¡Maldito aficionado!" Pensó el prusiano, que sentía un dolor penetrante en la espalda y la cabeza, pero que sabía que las balas estaban simplemente destrozando fuselaje, ya que disparaba con precipitación. Vió que se acercaba rápidamente y se preparó para maniobrar y tomar una posición de tiro favorable. Pero en ese preciso momento, notó cómo si algo le mordiera el muslo, e inmediatamente sintió gran dolor en su torso. Escupió sangre y se quitó la máscara, incapaz de respirar. Nuevos impactos llovían sobre el Dr.I y ya no trataba de evitarlos, simplemente le daba igual.
Sonrió, reconociéndole el derribo a su enemigo, antes de despedirse de su hermano mentalmente y del Reich, deseándoles suerte a ambos. Por su lado, pasó el avión británico que lo había ametrallado pero no le importó. Enfiló en dirección a lo que parecía un campo de cultivo y se desmayó.

-¡Le has dado Snowy! - gritó Cedric, su compañero ametrallador, entusiasmado-.

-¡El mejor tirador de Perth! - Robert también había disparado, pero estaba seguro de que sólo habría alcancado el ala-. No seas modesto Will.
-El Camel lo estaba ametrallando, que lo hubieramos derribado o no, era cosa de una bala entre todas las que le caían al pobre diablo -dijo William, dejándolo correr-. Creo que no le he dado, apenas me ha dado tiempo a amartillar, mucho menos a apuntar correctamente.

El Gran Danes del Barón Rojo, Moritz seguía aguardando, como todos en el Circo, la Jasta 11. Ya era tarde y no se veía avión alguno, aunque los bosques cercanos impedían la visión. De pronto, Moritz se alzó y ladró varias veces a la espesura. Casi inmediatamente, todos escucharon el ronroneo de un avión. Éste apareció para sorpresa de todos sobrevolando el bosque, a toda velocidad y volando a muy baja altura. No se esperaba un ataque, pero todos se movilizaron a sus posiciones al reconocer los distintivos británicos. Sin embargo, se dieron cuénta inmediatamente de que no era un ataque enemigo. El aparato, sobrevoló velozmente el aeródromo, dejando caer algunos papeles, justo antes de desaparecer por el otro lado.

Lothar, el hermano del As, recogió una y la abrió, para leerla, en voz alta.
"Manfred Albrecht von Richthofen, jefe de la Jasta 11, fue derribado y hallado muerto hoy, 21 de abril de 1918, en combate aéreo. Será enterrado con honores militares mañana a las 12 horas en el cementerio militar de Bertangles. No pdríamos hacerlo de otra manera. El mando del 209 escuadrón decidieron su epitafio; "Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor, Que descanse en paz". Nuestras mayores condolencias para sus compañeros y su familia; entendemos perfectamente el dolor que sienten o sentirán por su pérdida."
No pudo seguir para leer la firma, ya que se le quebró la voz. Todos, incluído Moritz, se giraron para mirar al avión inglés, que había vuelto a aparecer para volver a su base. Como si lo hubieran ensayado, realizaron un saludo al aeroplano antes de que se internara a baja altura de nuevo, en agradecimiento.

Al día siguiente, cubierto el ataúd de flores, llevado al hombro por seis miembros del 209 escuadrón y arropado por tres salvas de fusilería australiana, le fue dada sepultura al Diablo Rojo, o Barón Rojo, el mayor caballero del aire que jamás pilotara un aeroplano. Como última despedida de sus orgullosos enemigos británicos, hicieron cortar y pulir una hélice de cuatro palas, para que le sirviera de cruz, ya que no entendían mejor forma de enterrarlo.

lunes, 25 de junio de 2012

Ésto es algo que estuve haciendo ayer (aparte de jugar a rol, por supuesto).

No es que sea nada interesante, pero personalmente, dado mi estado físico, estoy orgulloso de que sea la segunda vez que alcanzo mi objetivo.
Si alguien me dice qué castillo es el que se ve, no sé, haré alguna cosilla especial.