martes, 14 de septiembre de 2010

Una ayudita, por favor.

Después de hora y media de intensa búsqueda me rindo y pregunto a mis escasos lectores:

¿No sabrá alguien de un diccionario o traductor Español-Ruso que además de traducir en cirílico te incluya la fonética?

Porque es complicado poner сила y que la gente pille la sutileza.

La verdad es que podría dedicarme a comparar las letras, pero reconozcamoslo. Ya tardo lo suficiente.

A las buenas de yo.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Icusagora Riel. El principio (X).

 ¡Hola a todos de nuevo! Como dije, me tomé un pequeño descanso del blog, para escribir otras cosas. Y el descanso, que ha resultado más corto de lo que esperaba, llega a su fin. Y viene con Icusagora y con lo más nuevo que acaba de salir de mi editor de textos.
Ale, a freir espárragos.
Por cierto, tengo que ponerme de nuevo con Folgore, al cuál tengo muy abandonado. Además, estoy organizando un "Spin-Off" de la historia de Star Wars que estoy llevando a cabo. Será con algunos secundarios y personajes inéditos. Quiero tener el prólogo hecho para cuándo la comunidad de Galaxies se traslade al nuevo portal. Acepto sugerencias.
Y eso es todo. Un saludito y no os olvidéis de los espárragos.
Que larga me ha quedado la entrega




Espinoso estaba acostumbrado a que la gente tuviera una altura mayor, pero aquél hombre se llevaba la palma. De lejos.
Debía medir cerca de los dos metros y todo él era fortaleza picada en granito. En granito muy desnudo, porque lo habían desprovisto de sus ropas al encerrarlo y ahora mostraba su humanidad impúdicamente.
-¿Lo habéis desnudado? Sois despreciables.- Torció la boca en una mueca horrible y amenazadora. -Qué práctico.-
-¡Lo encontraron mis hombres así, lo juro!- Acadi temía represalias por parte del asaltante y no quería tentar a la suerte. -¡Juro que lo capturé porque no me había pagado un dinero que le presté!-
-¿Caramba? ¿Eso es cierto, gigantón?-
-Excusadme señor, pero no recuerdo nada.- Su voz era muy grave, pero estaba quebrada por la sequedad y algo que no era por la sequedad. -Es la primera vez que veo a este hombre, más tal vez las cosas se puedan explicar, pero desde luego ellos no escucharon mis palabras.-
-¡Le presté dinero y desapareció! La morosidad está penada por la ley.-
-Si, ciertamente, prestamista.- Siseó espada en mano, apuntando a su pecho que ocultaba bajo el pijama a rayas. -Pero como decís, por la ley. Y ésta desde luego no es la suya.-
-Euuhm. Salvador, creo que no nos han presentado.- Carraspeó el preso, buscando palabras. -Me llaman Hoplas y soy caballero errante.-
-Encantado, pero mejor salimos, que mis compañeros estarán distrayendo a la numerosa guardia de este pendejo.- Miró al rededor, como buscando. -Pero necesitaremos algunas ropas para ti, para que no hagas colgar todo eso. Y las acabo de encontrar.-
Miraba fijamente el delicado pijama en dos colores que llevaba el prestamista. Sonreía de una forma desagradable.

-¡Deja que se vayan!- Icusagora golpeó hasta dejar inconsciente al que tenía delante y se quedó en guardia, jadeando. -Estos no son enemigos que batir. Y me siento muy identificado con ellos, es muy desagradable matarlos.-
La joven lo miró un momento, ajena al mercenario que yacía atravesado en su largo espadón. De pronto pareció volver a la realidad y lo desclavó con un gruñido, que arrancó un grito de dolor del herido. Este se arrastró hacia atrás, pero apenas podía moverse y poco a poco se fue quedando inmóvil. Ella se acercó al aventurero, que había enfundado ya y recargaba su arma de fuego. Era una pieza pesada, sin filigranas, no como acostumbraban los maestros armeros a fabricarla. Debió de salir barata. Él se la mostró.
-La pólvora es jodidamente cara de conseguir desde que los aranceles para armas y municiones aumentaron tantísimo el año pasado.- Escupió sobre el muerto y comenzó a recargar. -Este mamón me ha costado una cama limpia, un baño y un polvo decente. Joder si está cara.-
Ella encogió los hombros. Aunque más adelante sería capaz de interpretar su lenguaje corporal, esa noche de cálida luna no podía. Pero venía a significar algo como “yo no tengo ese problema”.
Escucharon murmullo de voces en el interior y se prepararon para más combate. Sin embargo su ardor guerrero se consumió rápido, porque justo salían por la puerta Espinoso y el caballero al que habían ido a rescatar. Hoplas. Vestía un curioso pijama a rayas rojas y blancas, que le estaba extraordinariamente apretado. Muy apretado. Tanto que Icusagora no pudo reprimir la sonrisa y hasta Careila resopló, admirada.
-Vaya par... Vaya... Bueno. Vaya.- Es todo lo que el joven pudo decir entre risa. -Vayámonos anda. Antes de que nos detengan por escándalo público.-

-¡Ja ja ja ja! Sabía que lo conseguiríais.- Ismiz estaba exultante de alegría. Los había abrazado a todos, había reído al ver el aspecto de su amigo, les había ofrecido el oro de Kilimast. -Estoy realmente contento de que lo hayáis traído de vuelta. El pobre parece que debe un dineral a ese desalmado, pero no lo recuerda.-
-Ismiz.- Icusagora intentó parecer serio, pero el recuerdo del pijama le traicionaba. -Nadie olvida una cuenta con un prestamista. Y menos con éste.-
-¡No puedo creer que no lo conozcáis! ¿Las puertas de Grunmanor, durante la batida de los pielgris de la montaña? ¿La defensa de la columna de refugiados de Kuludan?- Iba viendo como negaban con la cabeza y perdía el ánimo. -¿Su servicio a bordo del Beaufighter como protector embarcado y fiel compañero?-
-Pues no, la verdad. Dinos ya de quien se trata.-
-Lo encontré en una playa de Remnan, cuando desembarcábamos para tomar agua y algunas provisiones tras un viaje malo y largo. Vestía de completa armadura, como caballero, pero curiosamente no vimos escudo de armas ni emblema alguno. Además, no recordaba nada absolutamente.-
-Nada de nada?-
-Bueno, hablar tal como lo hace, lo habitual para una persona, pero ni su identidad ni sus recuerdos. Lo acogimos y nos ayudaba con su innatural don para el combate. Siempre que no hubiera botella cerca. Claro.-
-Que historia tan nebulosa.- Espinoso apoyaba la espalda contra Careila. Ésta evitaba descargarse sobre él, por miedo a romperlo. -¿Y cómo llegó a manos de Acadi?-
-Por si no escuchas, a mi amigo, además de pelear como un jabato y tener un par de conocimientos de magia, a pesar de su código moral y su buen hacer, tiene un pequeño defecto. Bebe como un auténtico marino sabe hacerlo. Luego pasa de auténtico marino a borracho de taberna y llega al nivel de amo de los taburetes. Supongo que lo trincaron mientras dormía una juerga de las suyas.-
-Me cogieron por ssorpresa, entre cuaatro. No rrecuerdo, porqué, pero esstaba desu... desdu... desnundo.- Había aparecido de nuevo Hoplas, junto a un fuerte pestazo a alcohol. -Todoss traidoress.-
-Y este es Hoplas el Desmemoriado, que entre aventuras y aventuras viaja conmigo porque es mi amigo.- El capitán alzó la mano, como si los presentara, que el mentado respondió con un saludo a la cabeza. -Al que parece que no han dado de beber porque me ha vuelto a abrir el mueble bar.-


La puerta se cerró al abandonar los jugadores la pequeña casa. Máster y jugador recogían algunos trastos, antes de irse.
-Pensaba que no querías un grupo más grande.-
-Ya, pero es que lo he conocido en la uni y parece que le mola el tema de jugar. La verdad es que no perfila como mal jugador.-
-Si, he de reconocer que se lo curra mucho. Y es un tío bastante legal.-
-Bueno, además hoy no han habido duros roces.-
-No, no, francamente me esperaba lo peor, pero hemos ido bastante bien y sin que se flipara quien ya sabes ¿Has hablado tú con él?-
-Algo así. No tengo ningunas ganas de que os vayáis peleando entre vosotros cuándo ya tenéis una campaña a la que hincar el diente.-
-Pues ha resultado.-
-Me he dado cuenta. Por cierto. ¿Has hecho el dibujo de Icusagora?-
-Uhm, he estado dibujando, pero no he sido capaz. Lo mío no es eso.-
-Pero macho, si te sale muy bien.-
-Ya, pero me lleva meses acabar nada, así que ya buscaré a alguien.-
-Bien, vale. Pásame ese bloc. ¿Quieres? No, no lo leas, sólo pásalo.-
-Uuuuh. ¡Secretos de Máster!-
-Chitón, sátiro verde.- Se cargó la mochila a la espalda y se encaminó a la puerta. -Bueno pillao, la siguiente partida será como siempre. Ya avisaré vía sms del lugar y la hora exacta.-
-Vale nano, hasta luego.-
-Adieu.-

jueves, 19 de agosto de 2010

Descanso.

Bueno, en vista de mi habilidad escritora del último par de semanas, he decidido darme un tiempecito de descanso respecto al blog. Quince días de tranquilidad mientras me preparo para el nuevo curro y paso los dos primero días, que se me suelen hacer los peores.
De paso, me han entrado las ganas de seguir con el relato de star wars (que podéis leer aquí, a la espera de la versión pdf corregida), del que he salvado por fin un escollo en el que me encontraba. Ahora escribo con máyor naturalidad y trato de darle mayor atractivo. Decir debo, que aproximadamente la mitad del relato está escrito como unas memorias (holocrón en este caso) y a partir de cierto punto, la narrativa cambia de estilo a 3ª persona, más seria y trabajada. Más cómo lo que escribo aquí.
En fin, espero que lo paséis de coña estos días y hasta septiembre (que a mi me van a dar las mías y las de un bombero).

Vilem.

jueves, 5 de agosto de 2010

Icusagora Riel. El principio (IX).

 Y allá va la siguiente entrega. En breve va a aparecer un personaje que me gusta especialmente, pues se trata de un pejota de una partida de hace mucho, mucho tiempo que llevaba un colega que ya no juega. La cosa es que me lo curré mucho con su historia (él no, ya entenderéis) y me apetecía semirrecuperarlo (aunque parte se introdujo en otro personaje que los que me conocen sabrán recordar). Ésta no va a ser la última recupercaión de este tipo, pero si la más fácil de introducir.




Bajaron al sótano, ignorados completamente por los guardias que peleaban en la puerta. Allí, además de la bodega, había una habitación con un recio portón de madera que tenía un ojo de buey y un agujero para pasar la bandeja con comida. Obviamente la sala era una celda.
-Ábrela.- Le apretó un poco el cuchillo en el cuello, para mejorar su convicción. -Ábrela pero ya.-
-No podréis escapar. Mis hombres son más que capaces de terminar con tu miserab...-
-Chitón a la puta boca.- Le pinchó un poco más, lo suficiente como para que corriera un perceptible hilo de sangre. -Hazlo o no respondo.-
Gritó por la sorpresa del pinchazo. No era del tipo de persona acostumbrada a ser maltratada. Sacó tembloroso la llave del botellero más cercano y la hizo girar en la pesada cerradura. Espinoso lo dejó libre y de un movimiento muy rápido cogió la ballesta que llevaba atada en la cintura y le apuntó. Le indicó con la punta del virote que abriera poco a poco y que se echara a un lado. Desde dentro emanaba un olor desagradable, combinando el olor a humanidad, heces y alcohol apestoso.
-!Por mi honor!- Sonó desde el fondo de la celda.

Icusagora golpeó duramente con el plano de la espada el hombro de su contrincante más cercano, que aulló de dolor y se retiró para dejar a otro más fresco. Se había dado cuenta de que en aquella casa hay más espadas de alquiler de las prometidas. Igualmente su compañera no cejaba en el combate y además le había sorprendido al comenzar la distracción, porque se dedicó a proferir unos gritos e insultos terribles en una lengua desconocida. Estaba sorprendido por el volumen y dureza de los berridos así como el hecho de que era la primera vez que escuchaba un sonido articulado salir de su garganta. Pero aquellos gritos habían espantado en parte a los guardaespaldas así que estaba bien.
Peleaba muy bien, a pesar de que manejar aquel enorme espadón no debía ser fácil en una pelea tan cerrada como aquella. De un poderoso mandoblazo, sajó a uno desde la clavícula hasta la cintura, salpicando sangre y derramando las vísceras. Con un poco de esfuerzo destrozó la pelvis y el guardia se partió del todo. Y se encaró con el siguiente, que estaba visiblemente nervioso.
Icusagora por su parte manejaba aquella espada con esmero, procurando no recibir ninguna herida seria. Cuándo atravesó a uno hasta el mango, se le quedó enganchada, sin tiempo para poder empujar con la pierna y sacarla. Tuvo que dejar caer la espada, arrastrada por el cuerpo y esquivar el sablazo que le tiraba el de la izquierda, agachándose y metiendo mano a la cartuchera. Desenfundó y le apoyó el arma justo sobre el corazón. Retumbó otro trueno y todo eran sangre y trozos de hombre pegados en la pared.
Y en ese momento los mercenarios comenzaron a chaquetear.

sábado, 31 de julio de 2010

Icusagora Riel. El principio (VIII).

En fin, los calores dejan de ser tan asfixiantes y parece que la migraña tiene la curiosa habilidad de hacerme escribir (en las treguas que me da claro). Espero que la nueva entrega os guste aunque haya poca acción en ella. Pretendo ser más descriptivo, aunque voy a evitar pasarme tres pueblos de primeras e ir poco a poco.



Habían pasado la mayor parte de la recuperación de Icusagora discutiendo sobre si deberían o no deberían acompañarle. Espinoso estaba completamente en contra, argumentando e insultando a partes iguales. El mediano disentía que estaba harto de aquél pueblo y había olido un par de heridas que en poco tiempo iban a suponerle un problema bastante grave, no por su diagnóstico que era más que correcto, sino porque los pueblerinos tendrían problemas para asumir que un barbero y curandero puede fallar. Y Careila mantenía su decisión con silenciosa determinación y no estaba dispuesta a cambiar. Al final el aventurero tuvo que aceptar la compañía a regañadientes.
Además de que la curación y la estancia las pagaba el generoso y aliviado alguacil, al final también hubo algo de tintineo extra en la bolsa de los dos héroes del lugar, pues las gentes de la encrucijada sabían que habían arriesgado el tipo frente a un sierpe espectacular. Los aclamaban mientras andaban por la calle y les daban dulces, pequeña cosa comparados con los excelentes pagos que iban a recibir de las caravanas que vendrían. Pues la sangre de las sierpes ahuyentan la mala suerte y a los entes malignos. Todos lo saben.
En puerto esperaba la goleta de 30 metros “Beaufighter”, que esperaba a zarpar a la marea de la mañana, que es favorable para la salida. Llevaba anclada 4 días, mientras descargaban las mercancías de otras tierras y subían el cargamento que debía llevar a Mirina. Era una bella embarcación, llamada así en el lenguaje de los habitantes de los aboin, de los piratas y de los ladrones, por ser rápida y dura de pelar. De hermosas y suaves formas, estaba pintada en un ajedrezado rojo y negro, como los buques de guerra de Isparii, cuya crueldad guerrera sólo se veía superada por la valentía de sus hombres y capitanes, así que solía provocar que casi cualquier vela diera un gran rodeo en lugar de situarse a su alcance.
Pero el capitán del “Beaufighter”, Ismiz Velind, si bien recibió a bordo con gusto a sus inesperados pasajeros y animales (y cómo no, a sus buenos dineros) y los agasajó en su cabina a la hora de la cena, necesitaba de algo y creía que el pintoresco grupo podría ayudarle.

-En definitiva.- Icusagora bebió con tranquilidad de su vaso y lo colocó con calma sobre la mesa, apartando las miguitas en el proceso. -Pretende señor que me infiltre en la casa del prestamista Acadi, libere y ponga a buen recaudo a un secuestrado que sabe a ciencia cierta que está allí, pero que no puede hacer nada porque la autoridad está enterada y sobornada. Y que sin dicho personaje, no puede hacerse a la mar. ¿Me equivoco?-
-Talmente lo dice.-
Volvió a beber con calma. Saboreó el vino, que estaba muy bueno y miró pensativo el techo. “¿Qué he hecho yo para merecer esto? Sólo quería unas jornaditas libres, sin trabajo, relajándome en cubierta, leyendo cómodamente tumbado en una hamaca, para variar” pensó. Pero claro, no dijo nada.
-Podemos rescatarlo entre todos.-
La voz de Plétoq le sacó de su ensimismamiento.
-Ni en broma. No tienes ni idea de realizar asaltos ni organizar saraos nocturnos.-
-Pero Careila y yo si.- Espinoso por una vez parecía adulto de verdad, adelantándose con los brazos cruzados. -Si no hay inconveniente claro.-
-Pensaba que veníais a aprender de Vercel, no a enseñar.-
-A aprender algunas cosas, que no todo.- Careila le dio la razón con un movimiento de cabeza.
-Bueno, entonces vosotros dos si, pero el matasanos se queda aquí.-
-¡Eh..!- Comenzó protesta, pero no pudo seguirla.
-A callar. Plétoq, eres buen curandero, buen cirujano y mejor conversador, pero demasiados ya un trío, no imaginemos cuadrilla. Mejor quédate aquí por si nos trinchan a alguno y necesitamos un apaño en las tripas.-
-¿Entonces aceptáis?- A Ismiz se le había iluminado la cara. -¡Por favor! Es un gran amigo mío y creo que se lo debo. ¡No os cobraré el pasaje, e incluso os pagaré!-
-Dado que no hay peor enemigo que un avaricioso prestamista, además de lo del pasaje, os cobraremos 4 escudos de oro y 12 de plata.-
-Un poco caro, pero me hacéis muy feliz. ¡Muy, muy feliz! Mi amigo lo agradecerá seguro.-
-Bien, pues comencemos con el plan.-