Yep, unos ocho años después escribiendo esta entrada. Yep. Yep.
Han pasado algunas cosas, ya iré comentándolas si consigo mantener la inercia inducida por las pastillas.
Vamos al lío, a ver qué puedo sacar:
Hace tiempo que no me apetece ser el malo. En partidas de rol, una pequeña cosilla que anhelaba era ser villano en partida, especialmente un personaje malvado. En mi mesa habitual empecé algo así con Ollie; una sortílega con una intención exagerada de sobrevivir a todo y a todos, e incluso sobreponerse a ellos y usar al grupo si hacía falta para conseguir sus objetivos inmediatos, sin importar qué ocurriera con ellos.
La verdad, no sé si se lo llegué a proponer al Narrador, porque francamente, no lo recuerdo, pero sí sé que la cosa duró poco. Robé un arma, hice alguna pequeña putada más y dejé de hacerlo porque la verdad, jugamos en grupo y de forma cooperativa, no creo que fuera el mejor momento, así que Ollie bajó de los cielos de la villanía malvada y el egoísmo más abyecto a la tierra del querer sobrevivir a sus movidas, a las distintas aventuras, sin quitar la pequeña pátina de egoísmo, avaricia y en general, no la mejor de las personas. Además, cada vez que hacía algo de apariencia desinteresado por el grupo, tenía que aclarar que lo hacía porque en las Tierras Salvajes de Lüreon, su supervivencia depende de mantenerse a salvo con más personas capaces. Sí, también es un poco Tsundere. Sí, lo ví llegar y aún así decidí mantenerlo.
Y ahí sigue Ollie, sigue siendo de mis pejotas preferidos, con proyectos para hacerme un libro de sortilegios para su uso en mesa (en el mismo lugar que todos mis proyectos (los que todavía recuerdo) e ideas de su posible pasado y posible futuro y actuaciones en base a lo que pueda ocurrir.
Pero no tengo ganas de intentar siquiera a un personaje malvado. O sea, igual si tuviera la oportunidad... Pero tal y como está el mundo, con gente diciendo y haciendo villanías con total impunidad, con grupos declarando la empatía como algo tonto, innecesario o directamente dañino. Ver el mundo convertirse en un entorno en el que Indiana Jones o William Blazkowicz se pasarían el día partiendo culos nazis porque aparentemente son ilimitados y siempre hay más, donde estos además son aplaudidos. Donde la gente discute que a todo llamamos nazismo, mientras siguen paso a paso y con celosa frialdad el manual de llegar al poder del nazismo. No se llaman así, pero como alguien se llame es irrelevante, siempre es cómo actua y si huele a nazi, saluda como uno y tiene sus intenciones políticas; es Nazi.
Obviamente, es un pensamiento un poco reductivo, hay mucha gente que actúa como uno a partes; podría ser un facha patrio normal, o un fasctista de corte italiano (the OG's), un nacionalista llamando a limpieza étnica o un psicópata religioso reclamando fuego infernal para todos los que no entran y participan de su misma droga. El diálogo nunca les sirvió y nunca se lo deberíamos haber propuesto siquiera, porque nunca lo buscaron (no estoy diciendo nada nuevo, lleva pasando mucho tiempo ya), sólo querían secuestrarlo y convertirlo en suyo para poder decirte la vieja frase de "vamos a tomar una posición de compromiso". Pero cada vez que buscamos ese compromiso, dan varios pasos atrás, hacia su propio oscurantismo y te vuelven a exigir compromiso y lo siguen haciendo hasta que te das cuenta que estás en una cueva y estás pidiendo el absoluto mínimo, cómo es reconocer a todo el mundo como personas y no sólo los sectores que les interesa.
Ser tolerantes con esas personas (porque son personas, no monstruos mitológicos) nos ha metido en este embolado, por pretender que todo el mundo debe poder hablar y expresar su opinión. Pero si dicha opinión implica el cercar, atacar y exterminar a otros por su sexualidad, o etnia, o porque son pobres, o discapacitados, o símplemente distintos... Sin parar a ver qué dicen, o qué hacen, sino porque es una forma de mantener siempre a la población en alerta, con un nuevo "enemigo" cultural o social cada vez.
Y cuando decidimos dejar la tolerancia con esos Nazis (de nuevo, reductivo, pero no voy a cambiar de insulto cada vez), ahora los malos son los otros, porque no se les reconoce a ellos. Como si fueran personas cuyo objetivo final, es el apartar, cercar y exterminar a las partes de la población que ellos decidan por la "patria" y el mundo.
Soltarán bulos a diestra y siniestra, a los que ninguno de sus seguidores comprobarán, ni aunque se los presentes como tales. Mentirán de forma tan evidente que bien podrían ser infantes atrapados con las manos en el tarro de galletas y la boca llena de migas, que negarán haber comido alguna y lanzarán acusaciones fuera para decir que fueron los "otros", siendo los otros los que sea más sencillo poner a la población en contra.
Cada vez los otros pueden ser distintos grupos, ahora una etnia, o un grupo religioso, o en general inmigrantes (que al mismo tiempo quitan trabajos y vivienda y reciben pagas de cuantías alucinantes por no trabajar), o son miembros de la comunidad lgtbi+, o miembros de la izquierda demócrata, comunistas o anarquistas, a los que señalan, sacan libros de agravios como si les importaran y gritan "ni los unos ni los otros!" mientras se preparan el brazalete con la cruz gamada porque "no les hemos dejado más opción".
En fin, todo este tocho para decir que estoy cansado y apenado del rumbo del mundo (y no entremos en la parte económica o ecológica, que ahí hay villanos para otro día y de normal se dan mucho la mano con la gente de la que hablo aquí). Y que por esa razón, ya no me apetece tanto interpretar a un pejota malvado.
En fin, muchas gracias por leerme si habéis llegado hasta acá. Me disculpo por los años de inactividad, aunque es una disculpa que leo vacía. No voy a hacer promesas de volver porque ya he aprendido y hacer promesas para no poder cumplirlas, pues mejor que no. Si esta inercia fruto del declive social y las pastillas, alimentada por la ira se mantiene, supongo que expandiré. Si la vida me vuelve a superar, pues supongo que no.
Saludillos a todes, se os quiere, id con cuidado.